El estudio

Las primeras obras de NASEVO datan del año 2002. Es una época en la cual encontramos narices de grandes dimensiones, inmensas: de hierro, de madera, de fibra, de cartón, de arcilla, de látex, de hojalata, de silicona; cualquier material que exista adopta la forma de una gran nariz que nos dice: TODO HUELE. Y no solo huele sino que al oler la nariz se acomoda al material objeto de la fragancia tomando su esencia. Es una época de autoafirmación: yo huelo. Es como si NASEVO surgiera a la luz de una profunda necesidad de comunicar al exterior lo que para él es vida, la vida del olor. Aquí nos encontramos con la serie de las Métricas que luego irá desarrollando con el paso del tiempo hasta la actualidad.

Poco a poco el tamaño de las narices decrece a favor de los objetos que provocan el olor y que se adhieren a la nariz de una forma inseparable. Aquí encontramos un conjunto de obras en las que la nariz sirve de plantilla o armazón, como soporte de los distintos objetos que desean ser olidos sin perder su identidad. Quizás las piezas que indican esta transición es la serie de Clavosnas, del año 2003, en la que el tamaño de la nariz es inmenso pero los clavos adheridos a ella son preludio de una nueva fase de creación. En esta época hay obras muy originales desde llaves antiguas de armarios y de relojes, plumillas, pipas, carretes de fotos, interruptores de luz, clavos, hasta hormigas tostadas. Simultáneamente, la nariz, a medida que se va empequeñeciendo, deja de conservar su forma anatómica y adopta formas geométricas, introduciendo a la vez un elemento hasta este momento no utilizado por el artista, el COLOR añadido. Aquí vemos la serie de Geométricas, que comienza en 2004.

También en este año 2004 surge una serie que nos indica el aspecto otorgado a la olfacción como archivo de la memoria histórica. Son piezas que a partir de elementos sencillos como pueden ser unas cremalleras, unos cordones de zapatos y demás, adheridos a una nariz de forma indefinida o abstracta, nos sugieren recuerdos de nuestra vida a partir de la connotación olfativa. En este período la obra que mejor expresa esa realidad memorística es Recordnas 2003/2004 . La pieza más “científica” de su obra.

El período entre ambas etapas nos deja una serie animista, etérica, nihilista, como si se tratara de un ensayo entre la realidad natural y el color añadido que es la serie BLANCA trabajada en papel de seda o papel de arroz de Papelnas. La nariz ya es pequeña, incluso no tiene forma definida sino insinuada, como si dejara entrever que incluso dentro del no color y de la no forma permanece el olor. Este proceso de interiorización del artista como oposición a la trayectoria inicial da lugar a una etapa en la cual los protagonistas son los otros, los objetos. Es una época de afirmación del tu: tu hueles. La serie de Embolonas y Molinnas nos lo indica con una claridad apabullante. Somos olidos por las rosas, la lavanda, el alpiste, el café, la hierba, la huerta, los insecticidas. Y a la vez nos huelen las fotografías, los retratos, los carteles publicitarios y de todo tipo, hasta las señales de tráfico que debemos respetar en nuestra vida cotidiana. Estamos hablando de los años 2006, 2007 y 2008

Es aquí donde realmente NASEVO consigue la comunicación, yo huelo pero es que todo a mi alrededor me huele también a mi y si consigo conocer el olor de todo soy capaz de comunicarme con todo, en ese lenguaje mágico que es el mundo del olor, el universo olfativo.

A partir de 2008 la comunicación olfativa se hace extensible a la naturaleza. El artista, sensible al mundo que le rodea, quiere expresar su compromiso con el medio ambiente utilizando productos naturales. Aparecen obras en mármol, los troncos de madera natural, los bodegones de flores, ramas de árboles. Obras que parecen destinadas a fundirse en un entorno paisajístico, en parques, en jardines, en el campo, en un proceso de camuflaje con el medio. El yo y el tu se fusionan y surge el nosotros en contacto con la naturaleza de la cual todos formamos parte, trascendiendo la individualidad y fundiéndonos en lo colectivo.

Luego sus obras se vuelven más plásticas y surgen composiciones de gran belleza donde predomina el color. Es en esta época donde el color del olor se vuelve protagonista. Aquí encontramos mosaicos de narices de diferentes tamaños y de distintos colores, podríamos decir que las narices se visten de colores. Son composiciones formadas por múltiples piezas individuales que adquieren su esplendor al unirse para formar la pieza final, la multiplicidad conforma la unidad, le da sentido.

La obra de NASEVO es tremendamente fructífera, experimentando con todo aquello que considera útil para transmitir sugestiones olfativas. Así, encontramos también colecciones de máscaras, tanto de cara como para enmascarar la propia nariz; interruptores, que a través del color quieren transmitirnos el olor de la estancia a la que vamos a acceder; plafones para los techos; sin olvidar las obras en vídeo que consiguen hacernos oler a través de nuestras pantallas informáticas. Todo es tocado por NASEVO porque su mensaje final es recordarnos sin cesar que en la vida todo huele.